El viaje de negocios, siempre con seguro

UN POCO DE HISTORIA

Aunque nos parezca algo muy moderno, el concepto de viaje de negocios arranca hace ya varios milenios. Casi todos los pueblos de la historia han realizado viajes con fines comerciales. Fueron quizá los sumerios (2.800 – 2.500 a.C.) los primeros en viajar con gran intensidad y a gran distancia para comerciar, bien por polvorientos caminos con lentos y pesados carros de ruedas macizas, o bien por río o mar con pequeños y frágiles barcos de vela que, con el tiempo, fueron sofisticándose cada vez más. El comercio era privado, con mercaderes profesionales que, asociados, realizaban sus viajes solicitando préstamos. Después de vender sus productos, con las ganancias devolvían el préstamo y se repartían los beneficios.

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El posterior desarrollo de los grandes imperios (persa, romano, árabe, mongol…) posibilitó, con su control y dominio, con la pacificación por la fuerza, el desarrollo de estos viajes. Los imperios buscaban la protección de sus comerciantes y viajeros, dado que no sólo permitían el consumo entre puntos remotos del imperio (favoreciendo su vertebración y cohesión) sino que también con ello se obtenían las debidas contribuciones fiscales, imprescindibles para el sostenimiento del aparato estatal.

Comienza así la época de las grandes caravanas que recorrían cientos o miles de kilómetros, atravesando países y regiones inhóspitas, lo que siempre suponía un peligro, sobre todo para aquellos que no tenían un poderoso Estado detrás o no podían pagarse una “seguridad privada” (como diríamos ahora). En la época de Roma, y a pesar de contar con una muy densa red de calzadas por todo el imperio, la mayor parte de los viajes comerciales, siempre que se podía, se realizaban por mar, dada la tranquilidad añadida que suponía navegar por el Mediterráneo (el Mare Nostrum) sin miedo a asaltos piratas. Vemos que, desde siempre, la búsqueda de la seguridad en los viajes era una constante.

Damos un salto de varios siglos, en los que apenas cambia la forma de los viajes comerciales y nos plantamos en el siglo XIX, en plena Revolución Industrial. La mecanización y producción en serie  de artículos genera excedentes que hay que “colocar”  donde sea posible. El desarrollo paralelo de nuevos medios de transporte, como el ferrocarril y el barco de vapor, potencia todavía más las relaciones comerciales, cada vez más amplias y diversificadas, entre países o entre las metrópolis y sus colonias. El mundo se hace mucho más pequeño y cada vez se vuelve más fuerte la necesidad de “abrir mercados”, aquí y allá, que, unida a la progresiva complejidad de las operaciones mercantiles y financieras, genera la aparición de nuevas figuras profesionales como los viajantes de comercio, infatigables personajes que, por tierra o mar (y seguramente alguno también por aire, aunque fuera en globo), recorren kilómetros y más kilómetros acompañados de sus imprescindibles muestrarios, a la búsqueda de nuevos pedidos por todo el orbe.

Ya en el siglo XX, con el desarrollo de la aviación comercial, las distancias de nuestro planeta se contraen todavía más, haciendo que las antiguas travesías transoceánicas de varias semanas se resuelvan ahora en cuestión de horas. Llega el momento de los trusts, los holdings, las multinacionales (en principio, norteamericanas y europeas) que se expanden por numerosos países; aparecen nuevas profesiones (ejecutivos, hombres de marketing, relaciones públicas y consultores varios) y otras que ya existían adquieren una dimensión más “viajera” (periodista, fotógrafo, ingeniero…). Paralelamente se produce el “boom” de las convenciones, los congresos, los simposios y otros eventos similares que generan el constante y creciente desplazamiento de profesionales entre regiones, países y continentes. Al final, quien más quien menos, la inmensa mayoría de los que nos dedicamos actualmente al sector servicios realizamos, con mayor o menor frecuencia, viajes de trabajo, tanto en nuestro país como en el extranjero.

EL VIAJE DE NEGOCIOS EN LA ACTUALIDAD

El pasado año un 7% de los viajes internacionales de los españoles fueron por motivos de negocio. Sin embargo, la media de la Unión Europea se situó en el 12%. La estancia media de los españoles en sus viajes fuera de nuestra geografía fue en 2014 de 4,44 días, un 11% más que en 2013, esto sitúa a España por encima de la media de la UE, de 3,49 días. Para los que nos visitan como turistas de negocios (más de 4 millones de visitantes en 2014, un 6% de incremento con relación al año anterior), España se ha mantenido en el tercer lugar del ranking mundial entre los países ofertantes de congresos internacionales durante el período 2008-2014, superada sólo por EE.UU. y Alemania. Barcelona y Madrid se situaron en 2014 en el top-5 de ciudades con más congresos internacionales a nivel mundial.

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Fuera ya del turismo congresual y centrándonos en la actividad normal de las empresas, con el aumento de compañías dedicadas al comercio internacional y compañías multinacionales en el país (la tan cacareada globalización), son cada vez más los ejecutivos que realizan viajes al exterior, como parte de sus responsabilidades laborales. De estos ejecutivos depende cerrar grandes negocios o lograr los objetivos de crecimiento de una compañía, entre otras cosas. Por eso es recomendable que las empresas velen por el bienestar y la salud de sus empleados durante sus trayectos domésticos e internacionales mediante la contratación de un seguro de viaje, bien personal o colectivo, como los que ofrece ERV, y que incluya cancelación, retrasos, pérdida de equipaje, accidentes, asistencia médica, responsabilidad civil e incluso repatriación. Si la empresa en cuestión se encuentra realizando proyectos en zonas de riesgo, sus trabajadores deberían disfrutar de coberturas amplias que los protejan de cualquier emergencia que pudiera surgir. Los seguros de ERV contemplan incluso, además de atención personalizada las 24 horas y las contingencias mencionadas en el párrafo anterior, la posibilidad de enviar un trabajador sustituto al punto de destino en caso de que el anterior haya sido repatriado, sin costes adicionales y sin que la actividad de la empresa sufra paros o demoras.

Muchas empresas consideran que, habiendo realizado el pago de los viajes mediante tarjeta de crédito, ello es suficiente para garantizar la seguridad de sus empleados en situaciones de emergencia. Recordemos que los límites de las coberturas de las tarjetas de crédito son muy básicas y genéricas, y siempre menores a las de un seguro específico de viajes como Business Star, el complemento ideal a la cobertura que puede ofrecer una tarjeta bancaria. Casi la totalidad de los seguros de sus tarjetas excluyen los siniestros producidos como consecuencia de la actividad profesional; o limitan la cobertura a 60/90 días, mientras que la opción “Traveler Más” de nuestro seguro Business Star extiende su cobertura hasta un año completo.

Podemos afirmar que Business Star es el seguro de viaje para empresas más moderno y amplio del mercado, estando adaptado para cubrir cualquier riesgo en cualquier país del mundo e incluyendo gastos médicos sin límite en el extranjero.

Si desea más información, puede contactar con nosotros en www.erv.es o a través de nuestra red de agentes y corredores por toda España (Tel.:91 344 17 37). Y recuerde, frente a lo que pueda parecer, el negocio no es la negación del ocio. Haga que sus empleados disfruten en sus viajes profesionales. Sabiendo que viajan seguros, su felicidad (así como la de sus familiares directos) y su rendimiento aumentarán.