La Medusa: esa eterna compañera de vacaciones.


Las medusas son un problema cada vez más frecuente en nuestras costas, especialmente la mediterránea. En España, las medusas aparecen principalmente en este mar debido a sus aguas cálidas, que son un buen hábitat para estos animales. Ahora que se acerca la temporada de playa, conozcamos algo más sobre estos seres gelatinosos y recordemos que cada año pican a 150 millones de personas en todo el mundo.

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No pensemos que este animal está esperando todo el año a que llegue el verano para estropearnos las vacaciones. Realmente, su presencia en las costas no se produce sólo en verano, sino que es habitual y natural durante todo el año aunque en estos meses de estío, dada la afluencia de bañistas a las playas, es cuando más las vemos (y sufrimos). De todos modos, su presencia masiva o meramente testimonial depende, por un lado, de la propia dinámica poblacional de cada especie de medusa y, por otro, de la influencia estacional de los vientos, las corrientes marinas y la temperatura de las aguas. Al parecer, los inviernos cálidos y el calor del agua incrementan sus poblaciones.

Existen más de 1.500 especies diferentes de medusas identificadas en el mundo, con amplia variedad de color, tamaño y dimensiones. Los expertos creen que todavía quedan muchas más especies por conocer, viviendo en aguas oceánicas de gran profundidad. En general, son poco venenosas, pero provocan estragos en los ecosistemas porque no se cansan nunca de comer y depredan los huevos y larvas de los peces. Para el ser humano son muy molestas, sobre todo para los niños y las personas de piel sensible o con alergias, y pueden poner en peligro una de las fuentes de ingresos de nuestros país: el turismo. Las variedades más habituales en España son las Pelagia Noctiluca y Chrysaora Hysoscella, pero hay otras variedades más peligrosas como la Physalia Physalis, también conocida como la “medusa asesina” o “carabela portuguesa”, que obliga a prohibir el baño y dar caza y captura al animal. Esta última no es realmente una medusa, sino un organismo colonial cuyos individuos se especializan y dividen el trabajo para mantener viva la colonia, aunque su comportamiento y efectos son muy parecidos a los de una medusa.

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Tanto la “carabela portuguesa” como la Pelagia Noctiluca causan una picadura dolorosa con lesiones en la piel pero es la primera quien lleva aparejados los síntomas más peligrosos: taquicardias, mareos, calambres e incluso algún desmayo. Entre un 30 y un 40 por ciento de picaduras de “carabela portuguesa” son derivadas a un hospital, aunque generalmente los pacientes salen pronto, en cuanto han sido estabilizados. Puede llegar a causar la muerte: los datos indican que de 1885 a 1995 se han producido en el mundo cuatro muertes por “carabela portuguesa”, ninguna en España.

Consejos en caso de picadura:
Si nos pica una medusa, se aconseja salir del mar inmediatamente y buscar ayuda, por la posibilidad de sufrir calambres que puedan provocar ahogamiento o, menos frecuentemente, un shock anafiláctico. Si existe atención sanitaria en la misma playa, debemos acudir rápidamente al puesto de socorro para que el afectado sea convenientemente curado. La zona de la picadura debe limpiarse con agua salada, nunca con agua dulce porque podría ocasionar rotura de células que hubieran quedado adheridas y producir aún más daño. Además, se debe tratar la zona con hielo, dentro de una bolsa de plástico y durante unos 15 minutos, para disminuir la hinchazón. Al ser la picadura de medusa una herida similar a una quemadura, el hielo no sólo alivia el dolor sino que contribuye a degradar y mitigar el veneno. Si quedan restos de medusa, hay que quitarlas con pinzas o guantes gruesos, o en su defecto con una toalla gruesa, sin frotar ni introducir arena en la herida.

En ocasiones, tras la picadura se puede observar un cuadro de agitación, cefalea, angustia o conjuntivitis, que suele ceder en pocas horas, por ello habremos de estar atentos a estos u otros síntomas extraños. Para los días posteriores a la picadura, se recomienda proteger la zona con la adecuada crema o spray de protección solar.

Si estas vacaciones tienes pensado acudir a playas de aguas cálidas en el extranjero, recuerda que, en caso de que surgiera cualquier incidencia, para poder recibir la adecuada atención médica lo mejor es ir protegido con un seguro de viaje como los que te ofrece ERV.