Otoño en Nueva York

15/11/2013

Aunque por el título lo parezca, no, no vamos a hablar de cine. O sí, pues todo Nueva York es como un inmenso plató a punto de comenzar el enésimo rodaje.

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Proponemos hoy visitar “La Gran Manzana” en la que para muchos es su mejor temporada: desde Halloween hasta el Día de Acción de Gracias. Las temperaturas se encuentran en un magnifico punto intermedio, después de los exagerados calores veraniegos y justo antes de que comience el largo y gélido invierno.

Es el otoño una estación ideal para pasear, a pie o en bici, por Central Park y disfrutar con su variada paleta de tonalidades ocres, además de los puntos de “obligada visita”, que podremos disfrutar sin las colas y aglomeraciones propias de la temporada alta: subir al mirador del Empire State, ir en ferry a Staten Island o a la Estatua de la Libertad, cruzar andando de Manhattan a Brooklyn por el mítico puente, tomarnos una pizza “de las de verdad” en Little Italy, deleitarnos con los luminosos de Times Square y Broadway, asistir a una misa Gospel… En fin, vivir esa sensación de estar ahí, de sentirnos protagonistas actuando dentro de esa “película” que es Nueva York y que conocemos tan bien, gracias a tantas y tantas horas frente a la pantalla del cine o la televisión.

La ciudad, como no podía ser menos, siempre bulle de actividad. La temporada cultural está en pleno apogeo (cine, teatro, exposiciones, conciertos, musicales…), y lo mismo podemos decir de las compras. Los adornos navideños ya han tomado las calles y establecimientos, y la fiebre salvaje por el “shopping” ha acudido ya a su cita anual con los neoyorkinos. El 23 de Noviembre es el “Black Friday”: toda una locura, gente que hace guardia o que se levanta a horas intempestivas para ir de compras y conseguir auténticos chollos de madrugada. El día 28 es el encendido del árbol de Navidad más famoso del mundo, el del Rockefeller Center y su archiconocida pista de patinaje. ¿Quién será este año el famoso que tenga los honores?

Si tenemos espíritu deportista, por qué no participar junto con otros 100.000 atletas en la clásica Maratón, con cuidado, eso sí, de no hacernos un esguince. Si sucede cualquier cosa, la hospitalización se cobra al paciente no asegurado a unos costes altísimos, inimaginables para un europeo con seguridad social. Por eso, desplazarse con un seguro de viaje es fundamental cuando se viaja a este país, con o sin niños.

Y un último consejo: no os preocupéis por vuestro nivel de inglés. Por lo general, en español os podéis manejar perfectamente en hoteles, tiendas, restaurantes e incluso en el metro, donde muchos rótulos indicadores están también en castellano.