Teleféricos, Funiculares y Trenes Cremallera

Traemos hoy a nuestro blog tres medios de transporte muy utilizados en zonas turísticas, sobre todo de alta montaña, y que el habla coloquial a veces confunde. El funicular y el cremallera son variantes de ferrocarril diseñadas expresamente para salvar grandes pendientes: bien con la ayuda de la fuerza de la gravedad (caso del funicular) o bien por engranajes específicos (caso del tren cremallera). El teleférico es, sin embargo, un medio aéreo cuyas cabinas se sustentan en cables de gran resistencia que, además, les proporcionan movimiento.

Seguro que has montado en alguno de estos tres medios de transporte, o incluso en los tres, pero te invitamos a conocer algo más de ellos. Prepara la mochila que salimos de excursión

El Teleférico

Un teleférico consiste en una sucesión de cabinas (con capacidad para trasladar viajeros), que se desplazan suspendidas en el aire y son transportadas por uno o varios cables accionados generalmente por energía eléctrica. En principio su origen hay que buscarlo en la necesidad de enlazar dos puntos entre los que existe una considerable diferencia de altura (como los 750 metros que salva el de Fuente Dé, en Cantabria), aunque luego también encontramos por todo el mundo teleféricos más o menos de trazado horizontal, que no salvan desniveles pronunciados (como el de Madrid) o muchos otros construidos para eventos temporales como la Expo de Sevilla, en 1992, o incluso aplicaciones mineras o industriales utilizadas para trasladar mineral u otras mercancías hasta un puerto marino a kilómetros de distancia, como el “cable aéreo” de Dúrcal a Motril, en Granada, que con casi 39 km. fue el de mayor longitud de toda España y utilizado además para el transporte público de mercancías (harina, caña de azúcar, cemento, abonos, etc.).

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Teleférico de Montjuic en Barcelona – Foto cortesía de TMB

Los más importantes teleféricos de España los encontramos en Sierra Nevada, el Teide, Benalmádena, Madrid y Barcelona (con 3, en Montserrat, Montjuic y el puerto); habiendo comenzado el pasado 13 de Octubre las obras del teleférico del Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria), que estará concluido para la primavera de 2015.

En el resto del mundo son muy conocidos los de Río de Janeiro (que sube al famoso Pan de Azúcar), el neoyorkino de Roosevelt Island (¡con cabinas para 125 personas!), el del Monte Pilatus (Suiza), el de Table Mountain (en Ciudad del Cabo, Sudáfrica) o el Metrocable de Medellín (Colombia), primer teleférico concebido no como recurso turístico sino como medio de transporte colectivo para aliviar el tráfico rodado de la gran ciudad.

No podemos dejar de mencionar aquí el “Transbordador aéreo español del Niágara” (Spanish Aerocar), obra de nuestro compatriota Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), que efectuó las primeras pruebas el 15 de febrero de 1916, inaugurándose oficialmente el 8 de agosto de 1916. El transbordador (realmente un teleférico), con pequeñas modificaciones, sigue en activo hoy día, sin ningún accidente digno de mención. Es un atractivo turístico y cinematográfico de gran popularidad, con un recorrido de aproximadamente un kilómetro sobre las impresionantes cataratas del Niágara, en la frontera entre EE.UU. y Canadá.

El Funicular

Los orígenes del funicular hay que buscarlos, como los del propio ferrocarril, en las explotaciones mineras de los siglos XVIII y XIX. Su funcionamiento se basa en la existencia de dos vehículos (en principio eran vagonetas de carbón), uno ascendente y otro descendente, que circulan sobre una acusada pendiente por una vía única con una bifurcación o vía de cruce en el centro del recorrido. La fuerza de gravedad del que baja sirve para tirar del que sube. Los vehículos no están motorizados, ya que es un motor fijo (antiguamente de vapor, hoy eléctrico), situado en un extremo del recorrido, el que mueve un cable con poleas para traccionar el vehículo. En caso de que viaje un operario a bordo, sus funciones son las de apertura/cierre de puertas y vigilar la velocidad por si hubiera que hacer uso del freno.

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Funicular de Larreineta. Foto cortesía de Euskotren

Las ventajas de este singular medio de transporte son su seguridad (disponen de varios sistemas de frenado), su funcionalidad y capacidad de transporte para salvar grandes pendientes, así como su adaptación tanto a las zonas urbanas (caso de Lisboa, con 3 ejemplos) como a las de montaña, y por ello nuevamente se han puesto de moda. Hoy en día en Europa existen más de doscientos funiculares en servicio. En nuestro país contamos con varios, siendo los más famosos el del Tibidabo en Barcelona (que da acceso al parque de atracciones del mismo nombre, también accesible mediante otro funicular: el de Vallvidrera), el bilbaíno de Archanda, el donostiarra de Igueldo, y el de Bulnes, en el sector asturiano de los Picos de Europa, inaugurado en 2001 y que constituye el único acceso al pueblo (sin exceptuamos senderos de montaña), siendo utilizado por sus vecinos para transportar mercancías, animales e incluso pequeña maquinaria agrícola. Tampoco podemos olvidar el de Larreineta, en Vizcaya, que data de 1926 y cuya característica diferenciadora a nivel técnico es su trazado, el cual debe hacer una curva a la derecha para llegar a la estación superior, peculiaridad poco habitual en otros funiculares del mundo cuyo trazado suele ser recto.

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Funicular de Larreineta – Foto cortesía de Euskotren

Además, utiliza vehículos con plataforma horizontal (ver foto) y no escalonada, esto es, con compartimentos para viajeros a distintos niveles. Durante el trayecto las vistas son espectaculares: el río Abra, las laderas montañosas, escombreras de la antigua actividad minera… Y al llegar a la cima de Larreineta se pueden contemplar incomparables vistas sobre Bilbao, su ría, el mar, sus caseríos…

Fuera de España, son famosos el Elevador da Bica, en Lisboa (cuyos vehículos son de aspecto totalmente tranviario), y el de Montmartre, en París, que da acceso a la famosa Basílica del Sacré Coeur.

El Tren de Cremallera

No es ni más ni menos que una línea de ferrocarril que, en determinados tramos de su recorrido (aquellos con grandes pendientes en las cuales el funcionamiento por adherencia entre carriles y ruedas no sería posible debido a la escasa fricción), recurre a un tercer carril central sobre el que engrana una rueda dentada conectada al eje motriz de la locomotora o automotor, confiriendo al vehículo mayor agarre y capacidad de tracción, así como mayor fiabilidad ante una hipotética rotura de frenos. Los trenes de cremallera sacrifican velocidad en aras de la seguridad y su campo de acción son los trazados ferroviarios que discurren por alta montaña, como en los países alpinos, sobre todo en Suiza, siendo ideales para ascender a las cotas altas y después descender haciendo senderismo o esquiando. Aquí destacamos el cremallera que sube casi hasta la cima del Jungfrau, con una estación excavada en la roca a 4.000 metros de altitud, el “techo” de Europa. Un viaje de dos horas de los que quitan el hipo, además de por su precio (150 € ida y vuelta), por su recorrido espectacular entre el azul celeste de los lagos, el verde húmedo de los valles y la blancura grisácea de las rocas frías y el hielo. Un paisaje majestuoso saboreado a 15 kilómetros por hora entre las paredes más abruptas y empinadas que uno pueda imaginarse y que, desde luego, sobrecoge el corazón.

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Tren cremallera

Desgraciadamente, y a pesar de lo montañoso que es nuestro país, este tipo de trenes no ha tenido gran desarrollo en España. Desaparecido hace ya décadas el tranvía de cremallera que subía a los turistas a La Alhambra, sólo contamos actualmente con los cremalleras de Nuria y Montserrat, ambos en la provincia de Barcelona, que prestan un excelente servicio a cargo de la empresa FGC (Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya), con elevadas frecuencias de paso, así como con una amplia oferta de bonos combinados con trenes de cercanías, teleférico y funicular. Familias y grupos pueden disfrutar así de un estupendo día en la montaña, realizando diferentes actividades, según la época del año, como senderismo, esquí, snowboard, paseos en pony, visita a exposiciones, sin olvidar la visita a los santuarios de Nuria y Montserrat, de importantísima tradición en la región catalana, albergando este último la famosa escultura del siglo XII de la Virgen Negra, la Moreneta.

Desde luego, si lo que queremos es probar los tres medios de transporte que dan título a este artículo, el macizo de Montserrat es nuestro destino obligado. Tanto ahora como cuando empiecen las nieves, la excursión es de las que no se olvidan. ¿Quién se apunta?